15/11/2024
En marzo de este año este angelito recorría las calles de la ciudad de Matanzas, hambriento, cansado, según dicen había extendido su viaje de basurero en basurero, desde René Fraga hasta Ayllón. Cuando dos protectores, entre ellos la amiga Irina Ferraz, lo trajeron al Arca, Sonia y Javier se enamoraron de sus ojos color miel. Desde el primer momento y a pesar de todo lo que había pasado, Santo, como fue bautizado por ser tan noble, dejó claro que le encantaban los mimos y las caricias. El resto es historia. La transformación ha sido maravillosa. Por viejitos como Santo existe este proyecto, para darle un hogar a los desvalidos, a los olvidados, a los que ya no tienen fuerzas siquiera para luchar en las calles. Gracias infinitas a nuestros Sonia y Javier y a todos los que con un granito de arena nos ayudan a seguir cambiando vidas. Todo por ellos🙏❤️